La Batalla por la Puerta Magna 2.

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La Batalla por la Puerta Magna 2.

Mensaje por El Capitán el Mar Ene 05, 2016 7:44 pm

Una semana mas tarde....

El capitán Tarran, estaba sentado en un escritorio de la ciudad de Ventormenta, en un cuartel temporal asignado a las afueras de la misma. Tenía delante suya una serie de informes y de recomendaciones de todos los jefes de escuadra. En el momento en el que estaba analizando una mención para el soldado Tuckson de la séptima escuadra por haber limpiado el solo una trinchera utilizando unicamente un cuchillo y su pala de trincheras, el comisario Yirias le interrumpió de sopetón con un fuerte portazo y el sonido de sus botas de cuero de cuña alta golpeando contra el suelo. Su abrigo levantaba girones de polvo del suelo terroso cubierto por unos pocos tablones de madera barnizada.

-Capitán....- Estaba rojo como la grana de la propia ira, el capitán observandolo detenidamente, bajo sus manos discretamente asiendo una pistola sin saber a que se debía dicho arrebato.- Suelta la pistola Trinel... no es por ti... mira esto.- Al acabar la frase le lanzo una carta lacrada con un rimbombante león de la Alianza en cera dorada.

-¿Que es esto Yirias?.- Mientras abria la carta y comenzaba a leerla y a poner una cara de asco y a cerrar uno de sus puños sobre la mesa. - Ya veo... despues de negarnos, ahora quieren apretar la mano de los “heroes”... que se metan su celebración por donde les quepa... no me interesa acudir a su sucia recepción y su baile, creo que la fiesta deberia ser con los soldados en cualquier taberna o garito de mala muerte y que beban hasta caer inconscientes... se lo merecen. Y junto a sus oficiales..-

La carta era una invitación para el Capitán, el Comisario y tres de sus oficiales para una cena y un baile de gala, de parte del Barón de Lordshire y pagada por el Conde de Rodrik. En ella iban toda la pompa y boato de la corte para según las palabras escritas “Celebrar la grandiosa victoria de la Puerta Magna por parte de los heroicos soldados del Primero de Thuran y su capitán Trinel Tarran”. Lo que más les molestaba era la hipocresía ya que cuatro meses antes cuando expusieron la campaña, los mismos nobles, les denegaron la solicitud de tropas de apoyo y de material. Siendo despachados con la promesa de unos pocos alimentos y cuarenta caballos de tiro. Sin apenas pólvora, cañones o armas de filo, los Thuran debieron ir a la batalla y tomar por el propio asalto sin artillería con la que abrir brecha la ciudad.

-Imagino que tenemos que ir ¿No Yirias? Que no nos queda otra que poner una sonrisa y una ropa bonita para meternos entre bailes y saraos...- Dijo el capitán escupiendo a un lado mientras sonreía ácido y de mala gana. - Por cierto, llama al sargento Barovsky... tengo un encargo para el. Le va a gustar.

El comisario salio de la estancia mientras Trinel comenzó a cambiarse, poniéndose un jubón de cuero negro brillante, un sombrero de ala ancha con una bonita pluma roja y el estoque familiar, un arma bellamente labrada en plata y con guardas de oro, nada que ver a su habitual arma, un estoque de acero Kul Tires sumamente baqueteado por el combate y con una guarda en forma de copa, mucho más indicada para los sucios combates. Enfundo su cuchillo de combate en una vaina marrón decorada con motivos bronces y se calzo unas botas nuevas de cuero grisáceo con media vuelta marrón y por ultimo se ciño una capa de seda negra, del típico uniforme de gala de los Thuran. Se sentía incomodo y ridículo con esos ropajes y pronto hecho de menos sus botas viejas atadas con cuerdas de mosquete y su jubón grueso de cuero de Colmipala.

De nuevo, volvio el comisario, pero esta vez junto al sargento Barovsky, un tipo rubio y alto pero con una fea cicatriz en un lado de la cara, fruto de un hacha de orco casi seis años atrás. Su aspecto peligroso y afilado como un cuchillo, inspiraba autentico miedo a los enemigos así como a los desconocidos y un respeto entre los soldados de Thuran, que lo querían como a un hermano mayor. El mitico sargento de la Novena escuadra, la escuadra de los exploradores. Lo mejor de lo mejor. Pese a su aire serio, era un bromista empedernido aunque con un humor tan negro como las barras de pintura de camuflaje que solía llevar en los bolsillos.

-Barovsky, tengo una faena para ti... estos malditos nobles, quieren ver héroes... les vamos a dar héroes... eres el encargado de comandar la escolta de honor, busca a los soldados más feos, con más heridas visibles en la cara y con peor humor de toda la compañía... que vean lo que es un héroe de la Alianza realmente... - Cerrándose el cinturón le dirigió una sonrisa divertida a Yirias el cual ladeando la cabeza finalmente sonrió y asintió.

Media hora más tarde, la guardia de honor estaba lista, formada por Gren Johnson, un tipo horrible, lleno de furunculos en la cara, pero sumamente terrible con un estoque en la mano, Bron “Silver” Mckendric, un explorador al que le faltaba media nariz, el cual solía hacer la broma que es que metió demasiado la misma en asuntos que no le concernían. El propio Barovsky, el sargento “Piecitos” llamado así por un problema de mal olor en sus botas, el cual calaba hasta las gruesas de combate y apestaba a todos a su alrededor. Por último cerraba la marcha la soldado Cheria, una mujer musculosa, de casi un metro noventa con una cara picada de viruela y gesto hosco a perpetuidad.

-Bueno mis bellos soldados, vamos a deleitarnos de los manjares y bailes que van a prepararnos en la mansión Lordshire... Por cierto Yirias... dale permiso a todas las secciones menos a la segunda. Le toca guardia esta noche.- La guardia de honor, se puso en marcha y tras callejear durante quince minutos a la luz de las farolas, al fin llegaron a la mansion. Un barroco edificio de piedra gris y sumamente adornado por gargolas, leones y estatuas de paladines.

-Mirad a los heroes de la Alianza, los valientes paladines, ungidos por la luz y por la belleza del conejo de sus madres... ¿Creéis que la Luz los deja así de guapos? Igual debería ponerme a rezar- el soldado Gren miraba las estatuas mientras decía estas palabras, sin poder aguantar una sonrisa, Trinel le mando callar, ya que llegaban a la entrada de la mansión y debían guardar las formas.


Con un potente grito y un taonazo Barovsky se paro mandando formar a los soldados, los cuales en una fila detras de su Capitan y su Comisario subieron las escaleras en las que un mayordomo aguardaba para anunciarlos.

-Capitan es un honor, pasen para adentro.- El mayordomo miraba de reojo con cierta cara de asco a los soldados, como cuando uno quita barro de su bota, pero estos no parecieron darse cuenta de ello y siguieron con la mirada al frente, más aburridos que asombrados. - ¡El Capitan Trinel Tarran y el Comisario Yrias Borrel y su.- El mayordomo carraspeo.- Guardia de honor.

Todos los presentes, nobles, cortesanos y sacerdotes, paladines y gente de esa índole, se giraron y al verlos su cara pareció ensombrecerse hasta que el Baron, con un fingido afecto comenzó un aplauso que se apago instantes después de comenzar.

-Capitan, es un lujo verle tan bien y tan vivo. Después de una heroica victoria para el bien de la Alianza y para regocijo de nuestros corazones. Todos agradecemos su labor y es emotiva que querais recuperar vuestra tierra... Pero es una pena que no dispongamos de soldados como ustedes en el frente del este... - Esta era una velada puya por dedicarse a la reconquista y purga de Thuran en vez de ser enviados a otros lugares donde los nobles tenían mas influencia y manejaban a su antojo los ejercitos.

-Cierto... una pena, pero gracias a la ayuda otorgada por toda esta noble gente.- Observando a todos los que denegaron sus peticiones de apoyo.- se a logrado un importante avance aunque no tan importante como los suyos... donde va a parar, pero bueno brindemos por la Alianza que nos une y nos iguala a todos. - Sonrió con una sonrisa característica, fría y gris como el acero hacia el Barón el cual tragando saliva algo apurado alzo su copa y exclamo.- ¡Por la Alianza caballeros!

Tras acabar el brindis Trinel se giro hacia Yirias y le susurro.- Dile a Barovsky que ya pueden retirarse, no tienen porque estar aquí, que vayan con los demás a beber, no creo que necesitemos escolta para volver.- Yirias asintió y sonrió al capitán mientras se alejaba hacia los soldados, los cuales lucieron una brillante sonrisa al recibir la noticia y se apresuraron a abandonar la mansión metiéndose en los bolsillos toda la comida que pudieron antes de marcharse entre risas y promesas de lo que esta noche iban a gastar sus pagas de la última campaña.
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