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Mensaje por El Capitán el Lun Dic 07, 2015 3:31 am

Desde el camino en lo alto de la colina se podía ver como la nieblina había inundado la aldea, ocultando todo aquello que ocurría en su interior. Era una noche humeda y los cielos estaban ligeramente cubiertos de nubes, pero la luz de la luna se habría paso proyectandose en la espesa niebla.
Los cascos del caballo, ya desgastados, chapoteaban en el suelo cada vez que pisaba los multiples y prominentes charcos de fango y agua que se habían producido debido a las ultimas lluvias del otoño. El corcel bruno, dolorido por el largo trayecto y el mal estado de sus herraduras, relinchaba y bufaba expulsando vaho, mientras se removía inquieto mientras su jinete trataba de calmarlo.
Vestía con ropajes oscuros, un traje ligero de cuero, una capa y un sombrero emplumado, todos de color negro. En él solo destacana su larga y dorada barba y un simbolo de la Luz Sagrada que se removía al compás de los pasos del animal. Las calles estaban completamente silenciosas, aunque no carecían de actividad. Las gentes de la aldea volvían casa después del trabajo, frecuentaban las tabernas, o acababan de recoger sus tenderetes para cerrar el negocio, pero nadie decía nada, ni siquiera cuando todas las miradas se clavaron en el extraño forastero montado. Aunque para él no hacía falta que lo dijeran, sabía perfectamente que era lo que pensaba esa gente. << Problemas. Eso es lo que piensan, que traigo problemas>>
Ajeno a las miradas, el jinete prosiguió adentrandose cada vez más en el poblado, hasta que se detuvo en un establo junto a un cartel de madera podrida en el que apenas se podía leer "El mendigo tuerto". Afianzó las riendas de su jamelgo junto al abrevadero y agarró un puñado de paja dejandolo al lado.
Comprobó su equipaje antes de entrar en el local, y pese a sus intentos de entrar sin llamar la atención, toda la posada le clavó la mirada unos segundos antes de volver a beber y a jugar a ese juego de cartas que se había puesto de moda. Todos, menos un hombre sentado en una esquina. La luz de las velas no llegaba a lamer las paredes de la esquina, por lo que la cara de el hombre permanecía completamente a oscuras, excepto cuando fumaba de su pipa.
Hans se quitó el sombrero y se desabrochó la capa, dejandolo en el colgadero. De camino a la mesa, pidió una botella del whisky mas barato que hubiera, y se sentó delante de la figura fumadora. Se dedicaron una larga mirada antes de que el propio Hans rompiera el silencio.
- Capitán Tarran.
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Hans creía haber visto la cara más decrépita de aquel desolado lugar, pero Trinel encontró senderos secretos y pasos de montaña que no encontraría un explorador corriente. Las afiladas púas del Paso de la Muerte abrieron paso a los dos jinetes, que dejaron atrás los húmedos y oscuros pastos del Bosque del Ocaso.
Ante ellos se abría, gris y triste, un paso completamente rocoso y arido, con la excepción de unos pocos árboles muertos de cuyas ramas colgaban del cuello cadáveres en avanzado estado de putrefacción, mecidos por el viento. Los cuervos, apostados en las ramas y los restos de humanos, se daban un festín antes de salir volando espantados por los dos viajeros. Sus graznidos resonaron por todo el Paso, rompiendo el silencio durante los segundos en que el eco se extendió por todo aquel lugar maldito. << Mal asunto..>> pensó Hans.
Trinel no había dicho nada desde que habían salido de la posada. Su reunión había sido breve, una corta conversación en la que había mencionado a un comisario de los Thuran al que había que ir a rescatar cerca de las lindes del Pantano. Según Tarran, había regresado al Pantano respondiendo a una señal de alerta lanzada desde un repetidor de El Puerto, que informaba de presencia sectarista y herética en la zona donde se alzaban las ruinas de Thuran, su villa natal. No obstante, el Capitán creyó que todo había sido una posible trampa para atraer a todos los Thuran posibles uno por uno y asesinarlos dentro de la arrasada aldea humana que una vez había sido su hogar. ¿El plan? << Supongo que caer en la trampa. >> reflexionó Hans.
Según sabía, al principio los Thuran habían sido utilizados por la Alianza para tareas menores en misiones de alto riesgo. A menudo situados en la zona más ardua de la batalla, los Thuran habían demostrado un temple fuera de lo normal y una increíble fuerza de voluntad que los había conseguido mantener vivos durante décadas, algo que sorprendía tanto a mandatarios como a generales. Pero, por desgracia, y con la devastación del cataclismo que cogió por desprevenido a dos compañías de Thuran en los Baldíos, terminó restando una sola compañía de thuran en activo; la que capitaneaba el capitán Trinel Tarran.
Para su sorpresa, el trayecto a través de las afiladas escarpías de piedra gris resultó tranquilo y sin incidentes. Pronto divisaron la entrada al pantano. Las lianas colgaban de los arboles podridos, enredandose y dificultando el paso. Trinel se abrió paso a machetazos. Aquello le pareció una divertida metáfora del estilo de los Thuran. << Puede que haya sido una buena idea y todo >>.
El camino del pantano era confuso. Estaba desdibujado sobre la tierra humeda, y a menudo se bifurcaba o se cortaba sin más. Eso, sumado al calor nauseabundo del lugar y a las multiples plagas de mosquitos e insectos que los atacaban constantemente, comenzó a agarrotar a los dos aventureros. Había algo en el aire que los hacía sentir asfixiados y mareados, pero el clima no era lo que iba a detener a los Thuran. Tenían una misión y la llevarían a cabo.
Las ruinas se alzaban negras. Lo que antes había sido una aldea bien posicionada y fortificada, fácil de defender y la cuna de los guerreros y guerreras Thuran, ahora se reducía a un montón de escombros que a pesar del paso de los años todavía humeaban. La historia decía que la aldea fue profanada por los brujos de la Horda tras la destrucción del reino de Azeroth y la posterior retirada de (casi) todos los Thuran hasta Lordaeron. El condado situado al sur de Crestagrana, haciendo frontera con el letal Pantano de las Penas, había resistido casi toda la primera guerra, pero al final los orcos lograron entrar justo en el momento en que los Thuran abandonadan el lugar, encaminandose por la larga hilera de roca roja que los llevaría hasta Crestagrana.
Aún así, unos cuantos Thuran tuvieron que quedarse para poder cubrir la retirada de la gran mayoría. Sabían que iban a morir, pero antes se llevaron por delante a cuarenta y cuatro orcos, aunque los numeros son alterados según la historia. Esos hombres y mujeres Thuran habían muerto allí, en su hogar, pero cuando los brujos llegaron y profanaron el lugar, convirtiendolo en un repugnante aquelarre que utilizaron para resucitar a los guerreros Thuran y utilizarlos como soldados no-muertos. Desde entonces, Thuran era inhabitable, pues los horrores que allí se habían cometido perdurarían durante las eras y el tiempo.
- Es acogedor - contempló Hans- ¿siguiente paso?
- Afila tu espada, reza lo que sepas, moja tus balas en agua bendita, y prepárate para lo peor.
Trinel desenfundó su espada de capitán con un sonido de desliz metálico que resonó por las cercanías.
Trinel avanzó el primero, como cabía de esperar. Hans le siguió detrás, pisando exactamente donde pisaba su camarada. A menudo el suelo crujía con sus pasos, destrozando fémures y cráneos, así como enormes larvas e insectos parásitos que se habían instalado en aquel lugar.
El pueblo parecía vacío. No, sin duda, estaba vacío...al menos, no había vida humanoide a excepción de ellos dos. Hans lo supo al instante, se había dedicado durante décadas a la caza de brujas y a la destrucción de herejes e infieles. Un pasado que nunca había compartido con nadie más, y que estaría encantado de extirpar como si de esas protuberancais insectoides que Trinel destrozaba a su paso se tratara; especialmente su paso por la Cruzada Escarlata.
Atravesando estrechas calles rodeadas de casas de madera y piedra reducidas a nada, finalmente llegaron a la plaza principal. En ella se alzaba una enorme estaca, así como unos blasfemos símbolos habían sido dibujados en la arena con sangre, tripas y restos de un cuerpo humano. Hans se avanzó; aquello era su especialidad, aunque lo mantuviera en secreto, quería poder aportar algo más que ser la sombra de Trinel. Al acercarse a un riñón, comprobó que todavía humeaba y seguía cubierto de sangre fresca. Se levantó, blandiendo el estoque.
- Joder, capitán. Aún está fresco...esto ha pasado hace cinco putos minutos como mucho.
Trinel hizo una mueca. Con parsimonia, pero alerta, rodeó la enorme estaca y clavó la mirada hacia arriba durante un largo instante. Hans se acercó para comprobar que era lo que había visto.
En la estaca, un humano uniformado estaba clavado por las manos, los hombros y los pies a la enorme estructura de madera. Hans supo que se trataría del comisario en cuanto vio que compartía algunas menciones de honor como las que Trinel llevaba cosidas a su traje. Cuando bajó la mirada para observar a su capitán, solo pudo observar el rostro frío que solía lucir a menudo. Hans suspiró.
- Me parece que nos hemos quedado sin comisario, capitán.
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Se habían permitido un descanso después del largo camino que habían recorrido. Hans había buscado reposo en una piedra cercana para poder fumar un poco de pipa, pero no hubo manera de encender el tabaco. Las cerillas se apagaban al encenderse, como si alguien las soplara a diez centimetros de la llama. Aquello no era normal. Finalmente, Hans desistió y guardó la pipa y las cerillas.
Dirigió su mirada hacia Trinel, que permanecía de pie con las manos entrelazadas tras la espalda, observando el imponente, pese a estar en estado de desgracia; ayuntamiento de Thuran, un enorme edificio de piedra ennegrecida que presidía la plaza central. Llevaba así media hora.
Algo debió de llamar su atención, pues ladeó la cabeza hacia atrás, atravesando con la mirada a Hans. Este también se giró, pero no vio ni escuchó nada. Trinel le hizo un gesto para que se acercara.
—Ven. Aquí no estamos a salvo.
Tarran le guió por las sinuosas calles de Thuran, atravesando mercados y barrios comerciales, le condució hasta una enorme catedral con un campanario que se alzaba por encima de cualquiera de los demás edificios derruidos. La torre de la catedral también había sufrido daños pero había resistido. Hans se había fijado en la enorme aguja que sobresalía de la ciudad cuando habían llegado a los umbrales de la ciudad.
—Un buen nido de pájaro. ¿Esperamos a alguien, capitán?
—Eso creo, soldado...y ya no hay salida de la ciudad a menos que lo arreglemos —se colgó el rifle a la espalda y le dio una bolsa pequeña pero pesada a su acompañante.— Guarda munición, no la derroches. Y tenla siempre a mano.
Tras eso, se adentraron en la catedral y sorteando trampas en ruinas y sendas poco seguras, llegaron hasta la cima del campanario. Allí los dos cogieron posiciones, cubriendo cada uno ambas entradas laterales de la ciudad. De repente, Tarran vio algo por la mirilla. Una pantalla de humo se había levantado en la plaza donde estaban, y de ella surgieron algunas siluteras confusas.
—La trampa, era para el comisario...pero una vez muerto, se convirtió en el cebo. —explicó Trinel—Nos estarán busc...
Una explosión cerca interrumpió a Tarran. El edificio entero se estremeció, y Hans quitó el ojo del a mira para tener una perspectiva más amplia de lo que había ocurrido. Miró hacia arriba y a los lados, y finalmente abajo, hasta verlo. Algo había impactado en la piedra del campanario. Una sustancia mágica residual, humeante y ardiente, se había quedado pegada donde la bola de fuego había impactado. De entre la niebla se produjo otro destello, manifestandose en otra enorme bola llameante dirigida al campanario.
Hans se puso de pie, para alertar a Trinel, pero este ya se había preparado para abandonar la torre. Juntos descendieron mientras otras bolas impactaban en el edificio, haciendo que todo se viniera abajo poco a poco. Consiguieron salir al aire libre casi ilesos, excepto por algunas heridas de impacto de algunas piedras que caían del techo.
Al llegar fuera, todo se había sumido en la misma niebla que al principio había ocupado la placeta central donde el comisario había sido asesinado y profanado. Hans intentó distinguir algo entre las nieblas, una sombra, algún atisvo de peligro. Tarran llamó su atención
—Los suburbios. Allí hay una salida que lleva a un sendero que conduce por dentro de las montañas hasta el mar. —se puso en marcha, convencido de que podían llegar si se daban prisa— Recuerdo que se usaba como un refugio de contrabando. Tal vez tengamos suerte...aunque la fama de este lugar haya alejado a la clientela, cabe la posibilidad de que encontremos un bote. ¡Vamos!
Siguieron caminando y avanzando por la niebla, pisando con cuidado y comprobando cada esquina y callejón que atravesaban. A su espalda, la torre del campanario comenzó a derrumbarse. No sabía por qué, pero a Hans le entristeció.
Finalmente se adentraron en los barrios bajos, que según Trinel antes ya tenían un aspecto parecido. Los edificios estaban hechos de metal oxidado y chatarra reunida, y las condiciones eran más apropiadas para un múrloc o un gnoll que para un ser humano.
El capitán encontró el pasadizo dentro del almacén de una posada, pero había sido tapado con tablones, seguramente para cubrir la huida de los dueños del local e impedir que les siguieran. <<Espero que dejaran un bote al menos>> se dijo Hans.
El suelo estaba lleno de sangre seca, pero no había cuerpos, solo algunos pocos huesos. Una ratonera sin salida para aquellos a los que habían dejado atrás. Los habían matado a todos. Hans se alarmó y se dio prisa para ayudar a Trinel con los tablones. Estos no cedían facilmente, y tuvieron que hacer uso de sus armas para poder destrozarlos poco a poco.
Un ruido se escuchó en el piso de arriba. Los dos soldados se miraron el uno al otro. Hans asintió, cogiendo su estoque y su cuchillo. Arriba los ruidos persistían, cada vez acercandose más. Sonaban como jaurias de perros enfurecidos corriendo detrás de una presa. Olfateó el aire y lo supo.
—Son manáfagos! dese prisa Capitán, podré contener las primeras embestidas, pero en cuanto empiecen a juntarse nos devorarán como una plaga de termitas devora un monton de madera podrida.
Tarran asintió, poniendo más enfasis en su tarea. Mientras, Hans envainó el estoque y sacó su hacha de una mano. Recitó una oración a la vez que el primer animal demoníaco descendía por las escaleras. Hans no le dejó llegar muy lejos, y le atravesó con el cuchillo en el craneo cuando todavía disponía de la ventaja del espacio. Dos más aparecieron, saltando uno por encima del cadáver de su compañero y abalanzandose sobre Hans, que se agachó para dejarle pasar y luego utilizó su hoja corta para ensartar al que venía detrás. Sin tiempo, dejó clavado el cuchillo y se volvió para hacer frente al otro. No tenía mucho tiempo, llegarían más y no podía dejar que le rodearan. Blandió el hacha hacia abajo, pero el manafago se movió ágil y atacó su brazo, obligandole a soltar el arma.
Consiguió quitarse de encima al monstruo, y sacó su pistola, disparandole y atravesandole la boca con una bala justo cuando volvía a lanzarse sobre él. Cayó al suelo de espaldas con el cuerpo encima de él, y se levantó de prisa al ver que venían cuatro más. Trinel sabía que Hans estaba en apuros.
—Ya queda poco!
Le lanzó su propio cuchillo a Hans, que lo cogió y le rebanó la tripa al primer demonio que saltó sobre él, agachandose. Esta vez no podía perder el arma, y solo disponía de el cuchillo y su rifle, ya que no le daba tiempo a cargar la pistola.
Otro saltó sobre él, y esta vez interpuso la hoja del cuchillo entre él y su atacante, quedandose este clavado en su pecho. No obstante, había conseguido cerrar su mandibula entorno a la clavicula de Hans. Este descargó un doloros alarido, pero la protección le había salvado la vida.
Se levantó repleto de adrenalina, y echando mano del rifle voló la cabeza a otro sabueso infernal, y golpeó con la culata la mandibula de otro, desvíando su mordedura, pero cayendo al suelo por el impacto. El can se dispuso a atacarle mientras seguía en el suelo, y Hans interpuso el rifle para detener las terrorificas mandibulas de cien dientes, que querían arrancarle el rostro de la cara.
Algo se disparó. Hans, confuso, no sabía si había sido su propia arma por error. Algo le salpicó la cara y le llenó los ojos, irritandolos. Intentó abrirlos un poco para ver que había pasado. Un peso muerto cayó sobre su pecho, y se lo quito de encima. Trinel le tendió la mano y Hans se levantó con su ayuda.
—Vamos, estos solo eran rastreados, pero los disparos han delatado nuestra posición. Tenemos que largarnos ya.
El tunel ya despejado, era largo y oscurido, y no se veía nada aparte de la negrura desconcertante de su interior. Pero eso no frenó a los thuran, que preferían afrontar aquello a hacer frente a manadas de diablillos y demonios.
Resultó ser mucho más largo de lo que cualquiera de los dos esperaban. Mientras avanzaban por el estrecho lugar, a sus espaldas se empezaron a escuchar alaridos y gruñidos, lo que significaba que sus persecutores habían alcanzado también el tunel.
Finalmente llegaron a una caverna amplia que debía servir de almacen. Con el encendedor, Trinel iluminó la sala. Estaba llena de cajones y barriles. Al otro lado, se abría de nuevo el camino, donde se divisaba la luz del exterior, aunque todavía quedaba lejos, eso les dio algo de esperanza.
—Tarran! el ron! —Hans señaló los barriles situados cerca del camino por donde habían llegado. —No me queda polvora, tendrá que hacerlo usted, capitán.
Hans le lanzó el mechero, y Trinel sacó su polvora, destapandolo con la boca mientras Hans reunía todos los barriles hacia el tunel. Crearon un reguero de polvora que conducia hasta el alcohol, y una vez estuvieron cerca de la salida, lo encendieron.
La polvora se encendio a gran velocidad, los barriles comenzaron a tambalear. Los demonios intentaban derrumbar el muro de ron y alcohol, pero la polvora llegaría antes. Hans y Trinel llegaron una cala donde había un muelle junto a un bote maltrecho. Subieron y comenzaron a remar mientras toda la cueva se derrumababa detrás.

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A medida que el bote se alejaba del muelle, la luz del alba comenzó a bañar el océano, tiñiendolo del mismo color rojo que resplandecía en el cielo, todavía estrellado y con las dos lunas haciendo guardia. Se habían librado de una buena, y cuando se miraron el uno al otro soltaron una carcajada seca y breve.
—Hemos de dejar la costa a la derecha y seguirla hasta encontrar Bahía del Botín —mencionó Trinel, que oteaba el horizonte con sus prismáticos. Hans llevaba los remos. Después guardó los prismáticos y miró al soldado rubio. —Bien, así vamos bien, creo que es un buen momento para que te cuente algo.
Hans le clavó la mirada, con el rostro apático habitual en él, preparado para absorber cualquier golpe. Trinel le devolvió la mirada y sacó un libro envuelto en cuero. Lo sostuvo entre sus manos cuando comenzó a hablar.
—Hace muchos años, antes de que yo me uniera a la Compañía Harford, conocí a un hombre del Primero de Thuran. Un hombre que respetó y siguió las directrices del Manual de Campo de las Primera Compañía de Thuran al pie de la letra, y que nunca se desvió de su estricto camino. Eso le impidió, entre otras cosas, poder conservar a su familia, poder vivir una vida tranquila en alguna granja de Elwynn y de poder disfrutar de los pequeños placeres de la vida cotidiana. Estos son los precios que paga un verdadero Thuran para servir a su gente; es una vida difícil, llena de baches y dolor de huevos.—Trinel hizo una pequeña pausa.
Hans le miró en silencio, y Tarran prosiguió.
—Este hombre falleció en Rasganorte durante la contienda contra unos nerubianos. No recibió ninguna mención especial por parte de la Alianza, y su cuerpo tuvo que ser quemado para evitar que fuera reanimado. Era el Sargento Gustav Kaczynski, es decir, tu padre, que tuvo que abandonarte a ti y a tu madre para continuar junto a sus camaradas. En fin, él fue muy recto en su camino, guiandose por las doctrinas del Manual. Solía haber competencia entre las compañías, el alto mando siempre trataba de generar la máxima competencia para asegurarse que siempre operaran al mejor nivel. Aunque ya era mayor, era bastante competente. Porque respetaba el Manual, y ahora te lo entrego a ti —finalmente Trinel le tendió el libro.
Hans se tomó un rato antes de cogerlo; no porque dudara, si no porque estaba pensando. Había reaccionado a la noticia con apatía, y a decir verdad, muy en el fondo, comenzaba a sospechar que su padre había sido algún camarada de Trinel en el pasado. Que fuera un thuran, cabía dentro de las posibilidades. Finalmente cogió el libro. Trinel le arrebató los remos.
—Tómate tu tiempo para leertelo y para estudiartelo; esto es el código de los thuran. Es más importante que cualquier rifle o estoque.
Ya se había hecho de día, así que no tuvo problemas para comenzar a leer. Primero desenvolvió el libro y observó la portada, de un color negro simple. Las primeras páginas del Manual rezaban:


MANUAL DE CAMPO DE LA PRIMERA COMPAÑIA.

FUNDACIÓN Y ÓRIGENES

La compañía, cuyo nombre real es “Primera Compañía de Infantería Ligera y Exploración de Thuran” cuyo acrónimo es 1ºCILT, es una de las compañías militares encuadradas en el antiguo Regimiento Real del Condado de Thuran (Ahora extinto al igual que el viejo Condado).

La Primera Compañía, fue fundada en el año 592 del Calendario del Rey (Año 1) Con motivo de la apertura del Portal Oscuro e invasión de Azeroth de los Orcos. Thuran, una región entre Crestagrana y el Pantano de las Penas, es un lugar oscuro, con pocos recursos y con habitantes duros para sobrevivir en esas condiciones. La gente de Thuran, era experta en el arte de la caza, las trampas y con una extraña cualidad, la de no perderse casi nunca. Con la llegada de los orcos, se vieron obligados a crear rápidamente una fuerza militar con la que defender sus territorios. Estas unidades, se caracterizarían por combatir utilizando las características propias de su pueblo. Especializados en las emboscadas y el ataque paciente a sus enemigos.

Los Orcos arrasaron casi todo a su paso, las compañías los retuvieron lo máximo posible a las partidas de guerra desviadas del ataque principal a la capital de Ventormenta, pero cuando esta cayo, no tuvieron más opción que abandonar sus tierras y proteger a su gente hasta la ciudad de Lordaeron.

El Regimiento Real de Thuran, dirigido por el Conde Regfort Thurion, fue llamado a filas para la lucha con junto a la Alianza. Sin embargo, poco a poco los hombre de Thuran iban cayendo sin que otros ocupasen su lugar. Finalizada la guerra, solo tres Compañías de Exploración y un pequeño destacamento de caballería sobrevivieron a ella y pudieron volver a sus tierras.

Al llegar a Thuran, vieron como su preciada tierra había sido mancillada por orcos y las ruinas de la ciudad, habían sido invadidas por cultos oscuros, nigromantes y brujos de la peor clase, convirtiendo la antigua esplendorosa ciudad de Thuran en un lugar impío en el que nadie desearía vivir.

Pese a que quemaron y lucharon durante tres años dentro de su propia ciudad para purgarla totalmente, la misma quedo tan destruida que se hizo inhabitable y sus ruinas no tardaron en volver a ser un refugio para los mas oscuros habitantes de nuevo.

Años de lucha sin cuartel, llevaron a las tres compañías a lo largo y ancho de Azeroth, hasta que en el año 33, o año del Cataclismo, dos de las compañías perecieron ahogadas en las Mil Agujas al inundarse y los Taurens acosarlos desde las alturas con flechas y ataques relampago. Desde ese momento, solo la Primera Compañia queda del antiguo Regimiento Real.

Actualmente, la Primera Compañia, dejo de estar formada solo por habitantes o descendientes de Thuran, ya que la logística y la incapacidad de estar plenamente operativos a llevado a que se recluten soldados y miembros de otros lugares de Azeroth.




HERALDICA Y SIMBOLOGÏA DEL PRIMERO DE THURAN.


La heráldica del Primero de Thuran y sus insignias son el rasgo característico y solo su visión ensalza su valor y llena su corazon de fuego para el combate.

Sus estandartes y su heraldica esta conformada por un castillo que representa la ciudad de Thuran en esmalte cenizo, junto a tres espadas las cuales representan las tres CILT originales tambien en esmalte cenizo. Todo esto sobre campo de sable en representación de su prudencia y su temple como el hierro. Así como para recordar su compromiso de pelear junto al reino siempre que este lo requiera.

Sus tabardos o insignias personales consta de un tabardo de fondo negro con una espada color ceniza en el centro, sin ningún otro adorno salvo sus insignias de rango y cordones de especialización.

El negro de forma extraoficial representa el luto por sus compañeros caídos y como símbolo de renacer y de redención.




ESPECIALIZACIÓN Y FUCIONES DE LA PRIMERA COMPAÑIA.

La Primera Compañía de Thuran, al igual que sus dos analogas, son especialistas en la infiltración, el reconocimiento, el combate a corta distancia con armas blancas y el uso intensivo del mosquete de precisión para eliminar objetivos importantes. La Primera Compañía rinde a plena capacidad en ataques realizados en la noche, en terrenos pantanosos y en junglas, aunque por honor, nunca diran que no a un lugar en pleno frente de la batalla.

Su disciplina es férrea, mantenida por los comisarios y furrieles, no dudaran en ejecutar a los cobardes y en disciplinar las faltas de respeto no autorizadas en mitad del combate. Pese a ello, los soldados de Thuran disfrutan de una gran capacidad de improvisación y de flexibilidad en el mando si un oficial no esta presente o si este considera que un soldado puede estar más capacitado para ejercer un mando, no dudara en dejar a cargo de ese soldado la operación.

Las armas que el Primero de Thuran utiliza son:

—Estoque como arma principal de sus soldados, flexible rápido y ágil. Más indicado para su tipo de misiones que un mandoble o espada bastarda.
—Daga de combate como complemento. Una afilada daga de plata y acero con una sierra en su parte sin filo.
—Mosquete con mirilla como arma de largo alcance, todos los soldados de Thuran, saben o aprenden a operarlo como formación básica en su entrenamiento.
—Escudo, espada y Mandoble son usados por un pequeño grupo de soldados, que forman las tropas pesadas. Estas solo son usadas en grandes combates y mientras tanto llevan las armas de uso común antes citadas.

La armadura del Primero de Thuran, es de simple cuero y algún coselete de acero, que no les impida movimiento y no haga ruido como puede hacer una armadura de metal completa. Estas armaduras se guardan para batallas en la primera linea del frente, cosa que es rara de ver aún así.

El Primero de Thuran, suele actuar independiente, a no ser que el mando de la Alianza les mande a otro frente o les solicite una misión. Tienen como objetivo destruir y bloquear todos los esfuerzos de lo que en el regimiento se conoce como “Los Poderes Ruinosos"

¿QUE SON LOS PODERES RUINOSOS?
Se conoce como los Poderes Ruinosos a una serie de enemigos acerrimos del Primero de Thuran. Se trata de fuerzas malignas y antinatura que deben ser purgadas sin el menor atisbo de duda ni conciencia. Esta sección viene acompañada de ilustraciones.

—Vael Phe-gôr: Vael Phe-Gôr era un nathrezim que comandaba una fuerza demoníaca en el mundo devastado de Terrallende. Su fuerza estaba formada por guardias apocalipticos, mo'arg, canes infernales y ered'ruin. También gozaba de buena fama de estratega y manipulador, como buen Señor del Terror que era. Cuando el Primero de Thuran fue enviado en misión al desquebrajado planeta, se enfrentaron a las fuerzas de Vael Phe-Gôr, derrotandole a un gran precio pagado en bajas, y con la ayuda de unos paladines que lograron destruir al Señor del Terror. Pero si algo caracteriza a los Nathrezim es su orgullo, y que solo se les puede matar por completo en su planeta natal. Vael Phe-Gôr ha jurado vengarse y hacer la vida de los originarios de Thuran lo más miserable posible antes de matarles. Se cree que podría regresar pronto.



—El Credo Crepuscular: Se trata de una organización sectaria que pertenece a una rama del Martillo Crepuscular. El Credo está formado por personalidades que han jurado lealtad a los impíos y asquerosos Dioses Antiguos que pueblan este planeta como parásitos. Además, tienen relacion de alianza con algunos naga. Se sospecha también que el Credo tiene mano en asuntos políticos dentro de la Alianza de menor importancia pero aún así con considerable impacto social. Se han enfrentado primero de manera indirecta con el Primero de Thuran después de que estos descubrieran los nombres de algunos miembros del Credo relacionados con la Alianza. Y directamente más adelante, cuando el regimiento de la Alianza protegió una aldea de kalu'ak durante la Hora del Crepúsculo, sobreviviendo incluso al ataque de varios ignotos.



—Apostatas: Es el nombre que el Primero le ha dado a todos los aquelarres y grupos de hechiceros que consumen magia vil y la utilizan en profanos rituales donde invocan a sirvientas súcubos y a peligrosos demonios a este mundo sin tener en cuenta las consecuencias. Los Apostatas estan compuestos por diversas organizaciones independientes y de tamaño discreto, que a menudo pelean entre ellas para conseguir más y más magia para ellos mismos. Estos dedican su vida al vicio, a la lujuria y a las prácticas prohibidas e impías. El Primero se enfrenta constantemente contra estas personalidades, allí donde las encuentran las combaten sin dudar debido a la amenaza que representa su decadencia e irresponsabilidad. Su principal fuerza y amenaza fueron los elfos viles durante la guerra de la Fuente del Sol.

—Los Inmundos: Autoproclamados a sí mismo como los Portadores de la Desdicha, este grupo de paletos eran miembros del Azote que arrasó Lordaeron y que siguieron a el príncipe traidor hasta Rasganorte como parte del Culto de los Malditos. En Rasganorte, tras el largo sueño de su maestro, se organizaron en la zona noreste de la Tundra Boreal cerca de la frontera con el Cementerio de Dragones. Allí entablaron alianza con los nerubianos de Azjol Nerub, que frecuentemente atacaban a los pescadores kalu'ak y a los parientes de los tauren. Durante el desembarco de la Alianza, estos seres inmundos intentaron torpedear los avances de la Alianza y romper todo contacto con sus aliados en el Cementerio de Dragones. Esto fue impedido gracias a dos de las tres compañías de Thuran, que lograron mantener un paso seguro y a menudo servían de escolta para que los mensajeros llegaran sanos y salvos a sus campamentos. Se cree que están liderados en la actualidad por un visir nerubiano llamado Necro'zaajn y siguen operando en alguna cámara helada de las profunidades subterraneas de Rasganorte.

LEMA Y GRITO DE BATALLA DE LA PRIMERA COMPAÑIA DE THURAN

Si Vael Phe-gôr necesita sangre , ¡Lo vamos a ahogar en su propia sangre!.
Si los Apostatas quieren placer, ¡Entonces les daremos muerte, el placer más grande conocido por el hombre!.
Si el Credo Crepuscular pide conocimiento prohibido , ¡Entonces vamos a iluminarlo con fuego, la única Verdad!.

Si los Inmundos quiere que nosotros abracemos el renacer, entonces al diablo con eso, los Thuran abrazamos la muerte , ¡vivimos para morir!

¡Por Thuran! ¡Por el Reino! ¡Por los caidos!.

!Vivimos para Morir! ¡Morimos para Servir!

RANGOS MILITARES

Capitán: Mando al cargo de la Compañía militar, es rango único de mando, actualmente lo obstenta el veterano Capitán Trinel Tarran, hijo del Sargento Dumas Tarran. El rango hace efectivo el uso de todos los recursos y disposiciones de la compañía. Así como es el responsable de las comunicaciones con otros cargos de la Alianza o independientes. Debe velar por el reclutamiento y que la compañía este en pleno rango efectivo para el combate. Sus galones estan formados por una cuerda trenzada de color dorado de la hombrera al pecho asi como una insignia en el lado izquierdo a la altura del corazón en forma de águila bicéfala.

Sargento: Rango intermedio de la Compañia militar, rango que pueden ostentar de uno a dos miembros de la misma. Es el rango de enlace entre el Capitán y la tropa en los campos de batalla y en disposiciones menores. Velan por la coherencia de escuadra, asignar miembros para tareas especificas y son los responsables de que el equipo y la moral de la tropa estén en perfectas condiciones de uso. Sus galones lo forman una cuerda trenzada de color plateado de la hombrera al pecho y una insignia de un águila con una sola cabeza.

Cabo: Rango superior de la Tropa. Encargados de transmitir las ordenes de los sargentos y de dirigir desde el frente a la tropa. Están encargados de evitar las deserciones en combate y de que la moral caiga. Así como informar a sus superiores de cualquier altercado o asunto de importancia que ocurra en la compañía. Sus insignias son un cordón trenzado de color cobre de la hombrera al pecho y una insignia en el lado izquierdo en forma de dos dagas cruzadas.

Soldado: Rango básico de la compañía, son el cuerpo de la misma. Sus tareas son las del combate y la especialización en las distintas especialidades de la compañía. Dentro de este rango podemos encontrar:
Francotirador: Distinguidos por un cordon trenzado blanco, suele haber uno o dos en la compañía por vez. Especialistas en mosquetes y arcabuces asi como cualquier mecanismo de arma a distancia.
Explorador: Es la vanguardia de la compañía, solo los soldados más veteranos y preparados serán exploradores. Son las tropas más duras de las que dispone la compañía se distinguen por un cordón de color negro en las hombreras. Suele ser uno o dos por compañía.
Demoliciones: Expertos en el uso de armas de asedio y de explosivos. Es un rango único. Solo un miembro por compañía es experto en demoliciones y en el uso de armas más pesadas aunque la compañía no suele disponer de ellas. Llevan un cordón rojo en la pechera.

Todos los soldados llevan una insignia de una daga atravesando un cráneo en color bronce en el lado izquierdo del peto.

Reclutas: Miembros inexpertos que acaban de unirse a la compañía. Los soldados veteranos que deciden unirse no suelen pasar por el cuerpo de reclutas a no ser que se les considere inadecuados en un primer momento para encuadrar los soldados. Estos están marcados con una insignia de una sola daga hacia abajo de color blanco.

RANGOS DISCIPLINARIOS

Comisario: Encargados de la disciplina, la moral y de arbitrar y castigar las infracciones dentro de la compañía. Visten completamente de negro y son hombres adustos, firmes e inflexibles al código militar. Tienen la potestad de ejecutar o castigar severamente a las tropas que retrocedan y a los oficiales que demuestren cobardía y nulas dotes de mando.

Sub-Comisario: Ayudante del Comisario, este solo ascenderá al rango de Comisario cuando su predecesor lo vea capacitado para ello. Suelen ser jóvenes estudiosos y soldados de primera categoría.


OTROS RANGOS

Medico: Encargados de la salud general del cuerpo de la compañía, pueden dividirse entre los médicos generales, encargados del hospital de campaña y los médicos de compañía, soldados instruidos en primeros auxilios y medicina básica que operan directamente en el frente para cortar hemorragias o para usar sus habilidades para restituir la salud de los soldados. Los médicos van equipados con una pistola de chispa y una espada de mano, así como una insignia de una cruz roja en sus equipos. Fuera de combate, lucen unas túnicas blancas de su oficio.

Intendentes: Todo cuerpo auxiliar, cocineros, armeros, herreros etc...

Las menciones de honor:
Son una larga tradición en Thuran. Desde el principio del Condado, los lideres militares y políticos premiaban a los soldados y cazadores que realizaban grandes gestas con la posibilidad de tomar lo que deseasen en el saqueo. Esto poco a poco fue evolucionando hasta convertirse en dinero. Finalmente en el ejercito, se opto por entregar unas medallas en forma de pequeñas dagas de plata para demostrar el valor de los soldados y oficiales que demostrasen su valía en el campo de batalla.

Para los Thuran nunca se es un verdadero soldado hasta que uno de los oficiales o el señor no entrega una de estas menciones de Honor a los soldados.

Estas ademas de otorgar respeto dentro de la Compañía, otorgan beneficios tales como un aumento de salario durante un mes o permisos especiales. Ademas los soldados necesitaran de estas menciones de honor si desean ascender dentro de la propia escala de Thuran.

Los reclutas necesitaran de una mención de honor para poder alcanzar el rango de soldado, ya que para los soldados de la Compañia, hasta que un recluta no luce una de estas menciones de honor en su pechera, no es un verdadero soldado.

Los soldados que estudian para ser un rango dentro de la Compañía, necesitan al menos haber alcanzado cinco de estas menciones de honor para acceder al rango de Cabo, ya que un soldado necesita saber que su oficial al mando es alguien preparado, valiente, leal y que sabrá inspirarlos cuando más baja este su moral.

Los Cabos que deseen acceder al rango de sargento, necesitaran Diez de estas menciones de honor, ya que solo los más arrojados y capaces dirigirán a los Thuran a la batalla.

Cráneo de Hierro: Esta insignia se entrega a aquellos soldados que han derrotado o acabado con uno de los lideres o capitanes enemigos. Es una insignia rara en un principio, pero que dada la naturaleza de las operaciones en las que la Compañía se desenvuelve, son usuales de ver luciendo en los petos de los veteranos. Esta es equivalente a una Mencion de Honor a la hora de contabilizar estas últimas en el momento de un posible ascenso.

Torre de Thuran (Desclasificada): Esta vieja insignia solo la poseen aquellos que pelearon por la liberación y purga de Thuran. Por lo que actualmente es imposible de conseguir a no ser que un soldado al morir se la entregue a uno de sus compañeros o amigos.

Escudos de Distinción: Escudos bordados referentes a las campañas en las que participa la Compañia. Al principio de toda campaña, se crean estos Escudos los cuales al finalizar la campaña serán entregados y cosidos a las mangas de su camisa o coselete, por lo que es un gran honor portarlas como símbolo de veteranía. Si deseas saber el tiempo que lleva un soldado en servicio, solo observa sus Escudos de Distinción.

León Dorado: Es la insignia más extraña que un Thuran puede obtener. Principalmente, no es una medalla personal, sino que es una medalla para toda su escuadra o unidad involucrada, solo puede obtenerse cuando una escuadra entra en combate bajo el propio mando del rey o en una misión del alto mando de la Alianza, por lo que es sumamente extraña de ver. Se conoce de solo ocho escuadras que han obtenido dicha condecoración a lo largo de la historia de la Compañia.

ORGANIZACIÓN DE LA PRIMERA COMPAÑÏA.

La Primera Compañía al igual que las otras tres, se dividen de forma que tengan gran autonomía tanto entre ellas como entre las propias escuadras que las forman. Esta Primera compañía se divide de tal manera.

-Escuadra de Mando: Formada por el Capitán, un Comisario, dos Sargentos y hasta cuatro Sub-Escuadras de 5 soldados al mando de un Cabo. Los soldados especialistas y exploradores se dividirán dentro de las Sub-Escuadras según las necesidades de las mismas. Ademas de ello cuentan con un Médico, un Intendente y en ocasiones un sacerdote.

-Siete Escuadras Regulares: Escuadras formadas por Un Sargento al mando y dos Sub-Escuadras al mando de un Cabo ademas de equipo y miembros auxiliares como pueden ser médicos, ingenieros y un Explorador. Son órganos independientes que actúan por cuenta propia a lo largo y ancho del mundo. Sin embargo, el Capitán puede llamarles en cualquier momento para que acudan en ayuda o a cualquier misión que les mande. Desde la batalla de Thuran, no se a visto más de Cinco de estas escuadras juntas.


-Una Escuadra de Exploración: Formada por diez exploradores y un Sargento explorador. Los Exploradores son la élite de la Compañía, y actúan de forma independiente como miembros individuales o pequeños grupos de entre dos y cuatro exploradores. Solo el Capitán y el Sargento de su escuadra puede llamarlos a batalla a todos. Los demás oficiales Thuran no tienen capacidad de mando sobre los exploradores, salvo que el Capitán asigne a uno de estos a una Escuadra Regular o a una Sub-Escuadra.

-Escuadra de Intendencia: Se encarga de guardar la base de Thuran, un lugar que solo los miembros de la misma conocen y que en este Manual no se nombraran por si cae en las manos equivocadas. Esta Escuadra esta formada por los veteranos que ya no pueden rendir al máximo en el frente pero que tienen al vital misión de si el resto de la Compañía fallece, volver a forjar de sus cenizas una nueva. Esta formada por un Veterano Sargento y de Cinco a Seis Cabos. El resto serán soldados o personal civil. Es la única escuadra que no tiene un número fijo de miembros.

Anexo: Cada una de los soldados esta numerado con una serie numérica pintada en la Hombrera de la armadura del soldado. Esta corresponde al Numero de Compañía (Del 1 al 3) Al Número de Escuadra (Del 1 al 10, reservando el 1 para la Escuadra de Mando, el 9 para la escuadra de Exploración y el 0 para la Escuadra de Intendencia) y un tercer número como número de soldado dentro de la Escuadra. Siendo este del número 1 al 20. Cuando un soldado cae en combate o deserta, su número sera reutilizado. Como ejemplo, el Capitán de la Compañía luce el número Ciento once (111) Primera Compañía, Primera Escuadra, Oficial al mando de la Escuadra.

El libro se extendía páginas y páginas con menciones de honor a veteranos de Thuran, relatos de las mejores batallas y proezas del regimiento, deficiones de sus enemigos y sus puntos débiles, tácticas de combate y códigos de honor y conducta. Hans no había llegado a la mitad del libro cuando alcanzaron Bahía del Botín.
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