Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

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Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:45 am

Mi nombre es Sir* Ziegler Stendel Davenport, hijo de Tonny Stendel y Dannira Davenport, Primer y Último ex-caballero del Reino del Libre Albedrío. O solía serlo, hasta que me alisté a la Primera Compañía de Infantería Ligera y Exploración de Thuran, Primeros y Únicos, para servir como Recluta raso despues de una fria noche del invierno de Loch Modan, donde los desfortunios y la casualidad me condujeron a mi destino.

En las siguientes páginas, vengo a relatar nuestras vivencias, aventuras, ocurrencias, apuntes, notas y sucesos que nos vayan sucediendo a medida que nuestras vidas se crucen y se formen vínculos, esperando el culmen de todos ellos que es la muerte.

- Prólogo -

Hallábanos Gaspar y servidor en una verde pradera, el cielo se tornaba en tonos morados a medida que se acercaba al horizonte, poblado de pinos silvestres, y podíamos caballo y humano apreciar las estrellas que iban inundando el frio manto de la noche.
Mi último cliente, Nemanja Roderick, era un humano recio, de castañas melenas venidas a menos por la edad, con un rostro pálido y firme, nunca llegué a tocarlo pero se antojaba duro, con una cicatriz en su mentón.
Nemanja Roderick era serio y dedicado a su trabajo. Un hombre que evadía las líneas de la ley establecida por la Alianza, un trabajador sin bando, lo que suele conocerse. Él dejaba pasar su vida en una gelida y quejumbrosa casa de madera repleta de humedades, bien camuflada tanto de la ley vigente como de los gnoll y los malhechores, ubicada en un remoto cenagal de Los Humedales. Allí, convivía con su única hija (viva), Larissa, que vivía recubierta en todos los lujos que un pantano podría permitirles. Junto a ellos, dos matones, a juzgar por su acento - nunca juzgueis por el acento - ventormentinos, Larry y Barry, asi como un troll que dominaba con fluidez el dialecto común. Desconozco su nombre, así como mayores anécdotas de todos y cada uno de ellos.
Se me fue otorgado un pago por transportar las mercancías que Nemanja Roderick había comprado a unos goblin, los cuales habían llegado al puerto de Menethil dias antes con una supuesta avería en su barco a vapor. No se me concedió el derecho a conocer su interior. Solo la responsabilidad de que esa caja de madera llegase sana y salva a Benedikt Braunschweig, un enano que residía en Dun Morogh. Yo no había sido nunca alguien en que la Alianza haya confiado mucho, pero gozaba de legalidad y derecho de paso por sus fronteras, siempre y cuando no llevase nada que no estuviese en regla. Esa caja no lo parecía.
Os diría que conseguí eludir a la firme y recia mano de la justicia, pero probablemente me arrepienta si este diario de campaña llega a ser terminado y mi vida, por otro lado no. Así que constará aquí como que la caja estaba en regla, su contenido tambien, y que los vigilantes fronterizos congenieran a la perfección conmigo y con Gaspar.

Me había perdido. Volvemos a la situación donde yo y Gaspar andabamos desorientados, fijandonos mas en el color purpura del horizonte y en los pinos o las estrellas que en nuestro destino. De un momento a otro, aparecieron mis futuros compañeros. Estaban matando murlocs. Les pedí una dirección que me otorgaron con amabilidad. Mi código de honor me obligó a devolverles el favor limpiando la aldea de alimañas, tal y como correspondía. Cercené las ancas de los múrloc que cayeron. Cuatro. Era de mi conocimiento y percepción que los ayuntamientos y milicias locales de la Alianza habituaban a pagar, especialmente en invierno, pequeñas sumas de plata a cambio de pruebas del asesinato de alimañas, esas mismas que plagan los caminos, asesinan a inocentes y huelen mal. Compartí combate con ellos. Eran Anry Honra, Joe Whitesbrad, Comisario Hans y Ailin Rainer. La muchacha, Honra, era muy joven, gozó del privilegio de desvirgar sus armas en combate. Whitesbrad era tuerto. El Comisario, gozaba de una personalidad especial, que con el tiempo ya iría desgajando. Ailin Rainer era un hombre amigable, con el que se puede entrar en confianza. No os adelantaré acontecimientos.

Mi hermano de batalla, Gaspar, de raza equina y pelaje marrón, fue decapitado, la mas humillante de las muertes que se le pueden dar a un mortal, por un murloc que aprovechó nuestro despiste. El Comisario vió con buenos ojos curiosear en la caja de madera que Gaspar transportaba. Eran explosivos. Como puede que cuando este diario este terminado lo aquí escrito pueda pesarme, debería indicar que el contenido de la caja era legal hasta que algún pérfido y vil múrloc decidió intercambiar las magdalenas LEGALES de azúcar condensado que yo llevaba a Forjaz, por malvados y peligrosos explosivos ILEGALES y de CONTRABANDO que yo NO llevaba. Astuto. Se usaron para inmolar aquella aldea múrloc. Decidí no rendir honor en el funeral de nuestras presas con branquias. Su acto contra Gaspar fue deshonorable. Gaspar si fue enterrado, cerca de un arbol proximo al lago drenado. Una de las ancas de murloc ondeaba sobre el montículo, como conmemoración. Había muerto un héroe.

Hallábame sin trabajo, sin mercancía, sin compañero y sin montura, con mi rodela partida por la mitad en el fragor de la batalla y con mi espadón, así como mi endeble armadura de cuero y malla, magullado. Por suerte, el Comisario me recomendó al Capitán, Don Trinel Tarran, un veterano de las tres guerras y quién sabe qué mas. Aquella noche sellamos el contrato y me uní a sus rangos. Me fue otorgada una nueva armadura, que aunque no era de mi talla, dias despues un herrero local supo reparar. Guantes de cota de malla, que permiten protección en una extremidad vital para mi oficio, y que por su parte, no permiten la transpiración de fangos corrientes. Ideales para los lodazales.
Pantalones de tela, suaves al tacto, permiten movilidad en el tronco inferior. Un cinturón con anillas, guantes de cuero reforzados con tachuelas para evitar heridas tontas. Una pechera de placas para proteger mi corazón de las astas enemigas. Una sola hombrera, icono de la compañía, de cuero reforzado. Un tabardo y un manteo, de oso me aseguraban, mas parecía lobo y cuanto menos, harapiento. La capucha era del mismo color que el resto del conjunto. Negro.
Mis nuevas armas, un estoque y una daga. Y un rifle simple de madera. El capitán me permitió conservar mi espadón, mas mi rodela, mi hacha y mi arco cayeron en desuso.

Fui conociendo a mis nuevos compañeros, entre los cuales se encontraba un ajeno a la compañía; hacíase llamar Paul Kirchen, vestía de tonos negros y azulioscuros, trataba de ir parapetado entre nosotros y en las fronteras se agazapa y silenciaba sospechosamente. No pude describir mas su físico pues una capucha y una poblada barba lo impedían. Fue encomendado junto a Wally Kennen, Axi Van Hoogen y Alexei Kozlov a las montañas. Nunca volvió. Nos reencontramos en la Taberna del Grumete Borracho, en Menethil, una ciudad portuaria todavía en reconstrucción. El barco a vapor goblin ya había desaparecido del muelle. No había rastro de Nemanja Roderick ni de sus lacayos. Menos mal. Por ahora. Es el único trabajo que no he cumplido en los últimos años.

Esa noche relaté una de mis mas intensas vivencias en Kalimdor a mis nuevos compañeros, atendía Ailin Rainer, cojo por aquel entonces debido a una herida. Mi código moral me impidió ayudarle a subir las escaleras, pues ante una adversidad debes aprender a encararla, en lugar de esperar que haya siempre un angel de la guarda a tu lado. Se lo tomó a mal y desde entonces anda picado conmigo, tachándome de "comeniños". Su osadía me ofendió al principio, mas se que alberga buenas intenciones. Es un buen camarada.
Aquella noche tambien fue ascendido Wally Kennen a Cabo. Se festejó por lo alto. Me pillé un buen ciego. El día siguiente, zarpamos rumbo a Darnassus.

Me abstengo de narrar mis vivencias en la capital élfica mas allá del festín celebrado en honor al aniversario de una compañía militar darnassiana, Hoja de Ámbar recuerdo. Había mucha gente reunida. Comí hasta llenarme y compartí vivencias y deseos de futuro con un pandaren y un marinero de alto rango. Hubo pique entre otros asistentes y nuestra compañía. Serían dias de descanso que aproveché para, entre otras cosas, pescar, y pensar mucho, en mi segunda y mas querida esposa. Aquellos bosques me recordaban de alguna forma a ella. Tuve que pasar página cuando el DÍA 1 llegó.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:45 am

Día 1

Para poneros en situación, somos una compañía de entre 20 y 30 hombres y mujeres libres, no me he puesto a contar. La inmensa mayoría reclutas, excepto el y la intendente, las dos doctoras, el cabo, el comisario y el capitán. Todos de raza humana excepto un elfo y tres enanos. También iba con nosotros aquel viajero sospechoso, Paul Kirchen. Pero no hay rastro de él desde que arribamos a puerto. Y recuerdo perfectamente haberlo visto embarcar.

Nos ubicabamos en Darnassus. Un puente de piedra, sobre el agua. Saqué mis armas, manchadas de sangre y barro. Me ajusté mi insignia, número de soldado 1121. El 21 es mi número de la suerte. Usé la esquina inferior de mi manteo para limpiar las armas con ayuda del agua, sentado a un lado.
Cerca mía estaban Thansel el elfo, Van Hoogen el "follacabras", (esto es difícil de explicar) Allin Rainer, Anry la novata y los hermanos Steiner, nuevos, que eran un calvo y uno con pelo, mayores que yo. Ambos con rifle.

Llegó el capitán, acompañado del cabo Kennen y el comisario Hans. Parecen una especie de triunvirato. Nos ordenaron cargar unas cajas de un almacén cercano en los carromatos. Eran tres. Iban remolcados gracias a un tiro de potentes caballos. La tropa se vió un poco decepcionada por el trabajo de peón. Pero era lo que había que hacer.

Finiquitado el trabajo, y entre charlas amistosas, emprendimos el viaje. Whitesbrad, Alexei, la nueva intendente y la doctora venían con nosotros, pero subidos a los carromatos. Descendimos de Teldrassil, el gran árbol sobre el que reposa Darnassus, por una ladera troncosa que recorría todo el contorno del mismo. Fue una travesía larga. Abajo nos esperaba la Aldea Rut'Theran, un pueblo portuario a las orillas del Mar de la Bruma. Un lugar tranquilo y acogedor, por la noche se divisan las estrellas con nitidez y las lunas se reflejan con intensidad sobre las calmadas aguas. Pasamos la noche allí. El día siguiente si partiríamos a tierra firme.

Me entusiasmaba pensar que estaba viviendo en ese preciso instante sobre un árbol mágico alzado sobre el mar. Que, de no ser por los druidas - porque supongo que esto es obra de magia druídica - , estaríamos ahora mismo flotando sobre el oceano.

Increible.

*El autor hace un inciso, en cursiva*

Por motivos de redacción, solo puedo relatar lo que sucede en momentos puntuales del viaje, a veces con matices generalistas del día, y a veces no puedo plasmar sobre el papel todo lo que desearía por motivos obvios. Aun así, trataré de mantenerme lo mas fiel a lo aquí sucedido que pueda.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:46 am

Dia 2

Emprendimos la marcha a tierra firme.
Había un barco en el embarcadero, listo para zarpar.
Toda nuestra compañía estaba sobre la cubierta de madera del barco, ayudando a introducir los carromatos en el mismo.
Allí fue donde propuse al capitán la idea de escribir un diario de campaña. Los hermanos Steiner y Allin Rainer se ofrecieron voluntariosos a ayudar en vista de la buena idea que acababa de proponer. Pero al final, soy yo el que debo enmarronar con esto solo.

La travesía en barco fue placentera. Una centinela, en disposición junto a cuatro compañeras de la capitana del barco élfico, habló conmigo todo el trayecto mientras mi compañía pasaba la noche en los camarotes o en la sala comunal. Me habló de la tranquilidad que abrazaba los Mares de la Bruma en los últimos años. Eso era bueno. También me habló de los draenei como raza, y de su historia. Para hacer tiempo estaba bien.

Me acosté tarde para levantarme temprano. Eso será narrado en el próximo día.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:46 am

Dia 3

Llegamos a la aldea élfica de Lor'Danel entrada la tarde.
El pueblo se ubicaba en la región de Costa Oscura, un bosque abundante en vegetación de tonos verduzcos y negruzcos, que colindaba con las imponentes cordilleras del Monte Hyjal y con el rebosante Mar de la Bruma. Una región, sin embargo, rota por el cataclismo que asoló nuestros continentes años atrás, y que todavía perduraban esas cicatrices en la tierra.

Nos ejercitamos en la cubierta del barco antes de llegar y en el patio de armas, cerca de la poza de luna, al llegar. Hay que mantener el tono fisico. Aquella noche emprendimos la marcha nuevamente.

Me tocó ir en vanguardia en un principio, junto a los hermanos Steiner, mis mayores aliados por ahora en la campaña junto a la joven recluta Anry. Son ágiles, precavidos y competentes en la toma de decisiones. Nuestro objetivo era rastrear por delante del tiro de caballos posibles peligros y eliminarlos, mientras los demas iban entre la escolta y la retaguardia.

Yo llegaba mas tarde que ellos a las coberturas de puntos estrategicos. Una pechera de placas no es el mejor aliado para correr de un lado a otro.

Llegó el primer peligro. Avistamos un cepo primitivo, y uno de ellos, Wilhelm, a dos cazadores furbolg escondidos en un matojo. Por su pobre camuflaje, deducimos que acechaban a algun venado o quiza un oso, pues estaban bastante expuestos a los humanos.
- Inciso: Los fúrbolg son criaturas mitad humanoide mitad oso, portan cuentas ancestrales, taparrabos, plumas ritual y demas tipos de amuletos sobre su pelaje, en este caso, pardo. Cabe destacar, a posteriori de lo narrado a continuación, que son una raza chamánica y por tanto, pacífica. Los únicos indicios de hostilidad en su raza se han debido, según nuestro elfo, a corrupción demoniaca. -

Los hermanos Steiner y yo cargamos nuestros rifles. Apuntamos. El disparo de Haldon dió en la sien de uno de ellos, el mio atinó en la pata de su compañero, y el de Wilhelm, a pesar de ir desviado, terminó de rematar en el torso al herido. Había sido un pleno. Ellos hablaban de que no habían perdido el "mojo". Por lo visto coleccionan trofeos de sus presas, y el mojo era de unos troll. Aseguraban que brindaba buena suerte. Por lo menos a mi, si. Hacía años - y muchos - que no disparaba uno. Tardé el triple en cargarlo que ellos. No explico mi acierto. Tras matarlos, cercenaron las orejas de las bestias. Estuve lento guardando el rifle, pues normalmente el que hace eso soy yo, pues en mas de un ayuntamiento de pueblo me han recompensado por llevar pruebas de la muerte de las alimañas locales.

El elfo se enfadó con nosotros. Por lo visto no suponían ningún peligro. Sin embargo, el comisario se mostró tajante; estaban en el camino, no podíamos detener la marcha o caeríamos presos de una emboscada.

Metros alante, me detuve por mi propia cuenta a recoger unas bayas brillantes. Rojas. El Comisario me echó la bronca por ello. A la próxima, fregaría letrinas por tres meses. Es un farol, pero la jerarquía es la jerarquía. Tiempo despues, el elfo me confirmaría que se trataba de bayas no comestibles, al menos en su estado natural. Sus jugos provocaban diarrea y náuseas. Aún así, me guardé un racimo de doce. Pueden sernos útiles.

Mas alante, dimos con lo que probablemente fuese el fenómeno natural mas impactante que hayamos visto en nuestras vidas. Una brecha que consumía el agua del oceano había fracturado y marcado la zona, ahora devastada. El paso era imposible. Nos dividimos en dos grupos e investigamos ambos lados de la grieta.

Se ve que el capitán guarda cierta confianza en mi. Me puso al mando del elfo y Van Hoogen. Debíamos encontrar un pasaje por la derecha. En el camino, topamos con un campamento destrozado. Sus antiguos dueños parecen ser algún tipo de secta o culto oscuro. Yacían empalados en dos estacas, en el centro, rodeados de cenizas. Escalofriante. Mandé a Thansel a buscar una ruta transitable, debido a sus vastos conocimientos de la tierra. Van Hoogen inspeccionó los cadáveres por mi. Le mandé a recuperar todas las identificaciones posibles. Yo esperé pacientemente, como buen comandante esperando a sus seguidores. Una vez recabados ambos informes, informé yo a la capitanía. Thansel encontró un vado de agua transitable. O a medias.

Aquella noche acabamos acampando en un arrecife, sobre la arena de la costa. Fue la primera acampada. Entre conversaciones y compañerismo, cerré la noche.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:47 am

Dia 4

Nos ejercitamos por la mañana. La disciplina no se pierde.
Aquel día no nos moveríamos de la playa. Desde nuestra avanzada se percibían los restos calcinados del campamento. Aproveché para descubrir las identidades de los cultores asesinados. No di parte al capitán, desde el primer momento parecía importarle mas bien poco la identidad de aquellos humanos, y demas razas. Pero mi código de honor me ordena a honrarlos dedicándoles unas líneas.

Aquellos asesinados eran los siguientes:

Barstan Pezuña de Fe, tauren
Thai'jin Colmitrueno, troll
Cristhian Bauer, humano
Selina Albafugaz, elfa sangrienta
Hanselm Kingstad, humano
Ivan Yansey, humano
Bronhilm Martiforja, enano
Nok'ru - sin apellido -, orco
Bastian Manheim. humano
Niaraa - sin apellido -, draenei
Hazu'ni - sin apellido -,troll
Branstok Llama de Ira, orco

Como podeis comprobar, sus razas eran variadas, mas eso no disminuye mi respeto por todos sus asesinatos, que no muertes. Aún quitando quienes pudieran ser en vida, pues eso nunca lo supimos ni lo sabremos. Aparte, es por todos sabidos que los cultores, antes de ser abducidos por la secta, son alguien. Y ese concepto del alguien, de humanidad, de vida, es el que no se puede perder. Espero honrosamente que las familias de los asesinados puedan hallar la paz en sus corazones al leer estas líneas. Mi mas sincero pésame.

Filigranas aparte, no logré descubrir quien o que los asesinó. No soy investigador, y al capitán no le gustaba mi idea de tenerme distraido malgastando fuerza mental en eso. Así que patrullé.

Encontré a un humano, calvo, con arnés, pintas místicas, sospechosas. Decía estar allí por motu propio, no fruto de la casualidad. Sin embargo, también decia no tener destino. Algo muy sospechoso. Ese fue el principal motivo por el que lo invité a la hoguera de nuestro campamento a comer y beber. Ademas, mi código de honor me obliga a ello. Juntos somos mas y mas fuertes. Sin embargo, no hizo buenas migas con los demas, y a pesar de ofrecerse a desarmarse, el cabo Kennen lo vio com malos ojos y lo desterró del campamento.

Despues del ejercicio nocturno, Haldon Steiner y yo fuimos encomendados a talar madera, para construir un puente y poder superar la brecha. Nos ocupamos de un arbol bien grande entre los dos, momento que aprovechamos para compartir historias y batallas. Tiene treinta y cinco inviernos, procede de Lordaeron, al igual que yo, y se desenvuelve mejor con el rifle o la ballesta.

Volviendo al campamento, el enano recién enlistado, Hadgrim Martillo, hizo gala de su torpeza siendo aplastado por uno de nuestros troncos de mayor tamaño. Aquella noche intercambiamos historias Hadgrim, Ceglan, Van Hoogen, Anry, Haldon, Kennen, la médico Lydia Van Hart y los dos recién llegados. Por lo visto habían llegado dos forasteros dispuestos a unirse. Uno de ellos era Gerard Dixon, un pescador. La otra era Silene Doyle, una infante ligera que de principio no hizo buenas migas conmigo. Su carácter impulsivo, confiado y revulsivo no encajaba con mi pragmatismo. Sin embargo, prometió que si me quedaba tullido, acabaría con mi vida.

*La ortografía cambia*

Escribo estas líneas a entradas horas de madrugada, en un acantilado, contemplando las lunas sobre las ruinas de una aldea elfa cercana. El silencio, combinado con la profunda oscuridad de la zona, hacen de este un lugar único, incluso mágico. Y tambien una suculenta presa para las fieras locales. Mañana preguntaré a Thansel por el nombre de la aldea. He de honrar su memoria. Buenas noches.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:47 am

Dia 5

La tropa ayudó en la fabricación de un puente de madera para cruzar por los riscos que fragmentaban la tierra. No habia mucha distancia hacia abajo, pero el agua inundaba los carromatos y eso mojaria los pertrechos, inutilizando la mayoria o disminuyendo enormemente su calidad.

Aquel dia comimos pollo asado acompañado de cerveza rubia, eché en falta la figura de un cocinero de campaña allí, pero se podía comer. El ejercicio de la mañana fue especialmente agotador.

Auberdine. Así se llamaba la aldea destruida que percibí la noche anterior. Le pregunté a Thansel y me dijo que aquella aldea fue destruida por un dragón gigante. Increible.

Fui encomendado a cazar animales en las cercanías con algunos de los menos habituales en mis redacciones; Alexei Kozlov, Ceglan Venner, Gianni Leone, Van Hoogen, Whitesbrad, Bedelth, Elmohr... mientras, el grueso de la tropa cruzó los desperfectos de la tierra gracias a la madera recolectada anteriormente por Haldon y por mi. Pocas anécdotas del grupo aquel día.

Cazamos carne de oso, esencialmente. Su piel no pudo ser muy aprovechada, por desgracia. Al final del día nos asentamos en un campamento cercano a la costa y a ruinas élficas primitivas abandonadas y semi-inundadas. Cerca de allí había una especie de cantera, con restos carbonizados de tiendas de campaña iguales a las del campamento de asesinados. Esta vez, ni rastro de cadáveres, ni pistas, ni pruebas, ni incriminaciones, ni nada...

Cerca de nuestro campamento hay dos grandes arboles, con la tierra erosionada cerca de ellos debido al cataclismo. Se puede estacionar debajo de ellos, entre sus raices. Es una sensación exótica. Sin embargo, nadie lo recomendaba debido a la inestabilidad del cataclísmico terreno.

*La ortografía cambia*

Dedico estas líneas de este diario de campaña en honor a los fallecidos en los terribles sucesos acontecidos en la ahora arrasada aldea de Auberdine. Que las vidas de sus amigos, familiares y conocidos encuentren la paz, y que sus muertes hayan servido para algo.
Eterna Auberdine.

PD. Anotación: recordar al capitán del avistamiento de esta noche.
Percibí una presencia entre los arbustos cercanos, hizo un pequeño ruido bastante leve pisando una ramilla, pero suficiente como para ser escuchado en el silencio de la noche en el que me hayo. De ser el calvo místico del otro día, sería una incidencia grave. Aún así, estas tierras no suelen ser hogar de bandidos y malhechores. Y Whitesbrad está patrullando junto a Elmohr.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:48 am

Dia 6

Ejercitamos esta vez en la cantera. Entreno suave, de recuperación para las millas recorridas anoche. Ese día tocaba partir, por tanto no nos podíamos forzar demasiado.

Arrancamos al mediodía. El trayecto sucedía con normalidad, aquel día me tocó ir en retaguardia mientras otros rastreaban la vanguardia. Con ineficacia, pues nos asaltaron un grupo de cuatro orcos. Por suerte, pudimos despacharlos con facilidad. No tuvieron que ver al grupo de retaguardia ni de vanguardia y confiarse. No encuentro otra explicación para tan banal asalto.

Murieron tres, capturamos a uno. La travesía por Vallefresno continuo, llegó a oscurecer cuando paramos en una pequeña aldea local a repostar los suministros agotados. Vaciamos el almacén. Desconozco el nombre de la aldea. Se nos había unido un hombre con placas, de nombre Recinrac y de apellido Rémol. Lordanés seguro. Habla poco. También se unió una muchacha, Fanny Araujo. Mas habladora. Me pidió fuego y se lo ofrecí. Luego, me contó que era voluntaria. Pobre. No sabe donde se ha metido.

Saliendo de la aldea, recorrimos un camino el cual el cabo Kennen nos aseguraba era un atajo eficaz hacia la Sierra Espolón. Recuerdo años atras, cuando viajé a través de ella. Un lugar seco en vegetación y en el que cuando pegaba el sol, pegaba. Sin embargo, sus noches son muy húmedas. En aquellos tiempos, era peligroso recorrer los enrevesados senderos que llevaban a la cumbre. La guerra entre los tauren Totem Siniestro y los tauren Roca de Sol - o al menos asi se hacia llamar su poblado - se traducía en emboscadas constantes, incluso a aquellos que no tomaban parte del conflicto. Los mercaderes hacía ya tiempo que no recorrían aquellos caminos, incluso las escoltas solían fallecer.

Por otro lado, la compañía de Ventura & Cia monopolizaba los recursos naturales de gran parte de la zona. Estaban tambien enfrentados a los tauren locales, a ambos bandos. En la cumbre, resistía un pequeño enclave de elfos, en relativa seguridad, aunque eran a veces hostigados por aventureros de la Horda.

Todo parece haber cambiado. Desde la torre élfica en la que nos reunimos con la capitana Flechaluna, recorrimos un sendero que nos llevó a la que sería nuestra avanzadilla por tres dias. Un saliente en una montaña, cuya parte segura - cubierta de los posibles enemigos que según la capitana hostigaban la frontera por meses - se limitaba al claro de un pinar, parapetado por los propios lados del camino, que eran parte de la cadena montañosa.

Apostamos la infantería pesada y maquinaria de asedio en el extremo del saliente - me refiero a cuatro cañones simples de cobre, de anima lisa - y nos dispusimos a hacer las trincheras con sacos y a definir los caminos. Mientras, otros interrogaban al prisionero orco. Acabó siendo asesinado, despues de confesar como una rata, a manos de Hadgrim. Un cuchillazo en la nuez y un disparo a bocajarro en la faz, para despues arrojar su cadaver por el risco. Mi código de honor lo aprobó, pues su acto de cobardía le deshonra a él y a su familia.

Prendimos una hoguera, compartimos nuestros mejores licoles y nuestras esperanzas de futuro. Según el capitán, el orco reveló a sus interrogadores las intenciones de venganza de su clan. Que nos superaban en tres hombres a uno. Y que pronto nos asaltarían. La incertidumbre se palpa en la tropa, su moral permanece férrea pero las dudas hacen titubear sus ideas aún. Tenemos tiempo para prepararnos todavía.

Inciso, Ceglan acaba de proponer inventar una soga de algodón o seda para higienizar la hemorragia mensual de las hembras. A falta de nombre u orden de patente, es una idea tan hedionda como posiblemente útil. Habrá que ver a donde conduce.

Cabe mencionar que hubo un leve pique entre Hadgrim y otro enano de nombre impronunciable al que yo llamo Zapa - por ser zapa.dor - y la joven Anry. Por el asesinato del orco, parece ser. Los demas se mantienen al margen. Haldon, tan compañero como siempre. En torno a la hoguera se habló de estoques, del destino de nuestra expedición y de la colocación en la trinchera en caso de asalto orco.

Buenas noches, Espolón. Espero poder narrar algún dia lo especial de tus senderos, tus pasos montañosos y tus laderas con olor a madera a mis hijos y a mis nietos. Es precioso.

PD. Desconozco todavía la resolución de aquellos conflictos que azotaban a la región años atrás. Espero que hayan muerto todos. Salvo, quizá, los elfos.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:48 am

Dia 7

Dia tranquilo en la trinchera, hacía falta este descanso
El ejercicio matutino se resolvió en los bosques de Vallefresno, cercanos a nuestro refugio. Hoy la intensidad subió. Se entrenó disparo de rifle y posicionamiento de combate. Sabíamos lo que nos esperaba y nos anticipábamos.

Al mediodia tiramos de provisiones para alimentarnos. Las raciones militares son, incluyendo el esfuerzo de cazar al animal, todavía peores en lo referente al paladar que la carne de hiena o kodo. La última suele ser un suculento - y pesado - manjar en la cultura gastronómica de la Horda. Sin embargo, los kodos que pueblan Desolace son de todos menos tiernos.

El capitán detesta que la tropa pase su tiempo sin hacer algo productivo. Por ese motivo, nos designó a algunos a patrullar los alrededores en busca de señales de ataque orco. A mi me tocó marchar junto con Alexei a la cordillera del valle sur. Intercambiabamos conversaciones banales sobre nuestro pasado, la política y la religión en los tiempos pasados de Lordaeron. Temas que en su día me importaban bien poco, hoy servían para esclarecer nuestra mente, en su camino a la emancipación que nos ha sido impuesta. Estas palabras pueden resultar perniciosas y acabar en la quema de mi diario, espero que pasen por alto. Los mercenarios somos personas al margen de las monarquías, las leyes y los cultos.

Nos detuvimos ante un pinar calcinado, de sus ramas carbonizadas colgaban calaveras tintadas, símbolos vudú y ramilletes de hueso y madera. Parecían los restos de una emboscada troll a un campamento Alianza, eso revelaban los estandartes desgarrados y los restos, ya descompuestos, de esqueletos humanos cubiertos en pequeña medida por armaduras embarradas y tintadas de sangre.

Decidimos dividir el trabajo de exploración. Él se ocupó de inspeccionar los restos de la caseta de campaña azul - considerada en los rangos del ejército, la de la oficialía - mientras que yo observaría la zona de las casetas de la tropa. No en vano.

Percibí los restos semidescompuestos de un soldado fallecido entre las envolturas de una caseta de campaña, todavía protegido bajo su armadura. Irónico, cuanto menos. Sentí la imperiosa necesidad de devolver su insignia a su familia. Adentrándome en la zona adyaciente, mi pie sintió la presión de las puas metálicas de un cepo, bien camuflado bajo los restos de una barrica. Había caido preso de una trampa simple. Afianzé el pie y me arrodillé tratando de romperla, sin caer en que lo peor estaría por llegar. Ante mi, descendió de la arboleda un troll enorme, de dos metros y poco por lo menos. Su piel era muy celeste y su rostro se ocultaba bajo tatuajes tribales. Sus colmillos se abrieron de par en par mientras alzaba su jabalina. Me di por muerto.

Pero Alexei estaba ahí. Escuchó mi grito de dolor en primera istancia, y desempolvando su pistola de chispa, hundió el plomo dos veces seguidas en tan solo un instante en el pecho del troll. La astucia de construir la trampa y preparar la emboscada se desvaneció en el momento que no se percató de que su cena, osea, yo, iba acompañada.

Mientras el troll taponaba sus hemorragias con sus zarpas, Alexei demostró la seguridad se agacharse ante mi a forzar el cepo, con relativa facilidad. Sonrió, socarronamente, advirtiéndome de que fuese mas cauto la próxima vez. Él también habría caído, y de suerte no le habría trillado los huevos. Sin embargo, es de bien nacido ser agradecido, y mi madre, santa donde las haya, merece el honor de haberme expulsado por su vagina.

En ese momento mi herida me importaba mas bien poco, ansiaba venganza y el golpe de gracia. De un salto me planté ante el moribundo troll, y percutí con mi cuchillo su vientre repetidas veces, ensangrentando innecesariamente. Con la misma, destrocé su rostro de una puñalada y con los siguientes reveses aflojé su colmillo izquierdo, para poder quedármelo. Alexei llegó tarde a evitar su muerte, sugería poder torturar al troll tal y como hicimos con el orco. Tachó mi comportamiento de impulsivo. Sin embargo, no hubiera servido de mucho. Los trolls en extraña ocasión hablan o entienden lengua común, y de hablarla, no se les entiende ni papa. Recogí la insignia del cadáver del soldado y volvimos al campamento de vacío, Kozlov me ayudaba a andar.

Él se encargó de redactar el informe para el capitán. Yo cené caldo de gallina silvestre de la noche anterior, mientras la médico Van Hart me atendió la pierna. Tuve suerte de que mi bota de cota de malla aliviara la zona de impacto, la perforación fue ínfima. No había desgarre muscular, tampoco rotura de hueso. Era un corte, profundo, y doloroso, pero en un par de días podría andar de nuevo. Tuve mucha suerte.

A dormir.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:48 am

Dia 8

Dia tranquilo, de recuperación.
No ejercité por mi lesión en el tobillo.
Tuve que ayudar repasando informes de exploración y archivos disciplinarios. Básicamente, ratón de bibilioteca en la estepa. Eh, eso rima.
La insignia de ayer pertenecía a Danijel Scheid, era capataz de campo, un rango superior al de soldado raso, pero aún así, no demasiado alto. Merece ser devuelta a su familia en Ventormenta.

Tras la comida me tocó desempeñar mis improvisadas funciones de escribano, mientras la tropa abandonó el campamento a seguir unos indicios - que no pistas, como ellos se referían - que detectó Van Hoogen al sur de nuestra trinchera. Me quedé con la médico, la intendente, un enano y otro soldado guardando el lugar. La tranquilidad reinaba.

Procedí a revisar los informes. El capitán ordenó a las patrullas ayer indicar todo tipo de detalles en el finroem para que así yo pudiese ir recopilando información. Su objetivo principal era rastrear el terreno en busca de indicios del ataque orco, pero tuvo el detalle de acordarse de mis tareas.

Tras leerlos detenidamente todos y cada uno de ellos, redacté mi compilación de informes, resultando en un mapa de la cuenca en la que nos hallábamos, bastante fiel a la realidad. El rio que cruza la región es denominado, por las tribus taurahe oriundas de Kalimdor, el Rio Lobo Negro. Por tanto, llamaré a esta zona, la Cuenca Lobo Negro. Solo existen tres salidas, al norte a Vallefresno, al sur a la Vega del Espolón, y al oeste, a una zona de la cual no dispongo de información alguna mas allá de la presencia de un lago, supuestamente de cristalinas y mansas aguas.

La tropa llegaba, las pistas de Van Hoogen parecían ser erróneas, pero en el camino toparon con una escolta de orcos con la que lidiaron, con bastante éxito, pues las heridas eran poco abundantes entre la tropa. La comitiva hordeña transportaba armas de última generación, hecho que estremeció al capitán y le llevó a tomar la decisión de tomar la iniciativa.

Aquella noche nos movimos en dirección al molino de agua. Su apariencia era terrible, aquello parecía que podía derrumbarse al primer indicio de ventolera. Sin embargo, aguantaba bien el movimiento por sus planchas de madera. Estaba bien sujeta a la ladera de la montaña. Ventura & Cia aseguraba bien las estructuras.

La vieja rueda del molino no estaba operativa. Las levas habían saltado, parece ser que por algún tipo de presión superior ejercida, y el motor había reventado años atrás. La cascada caía impoluta por la cara de la montaña, sin rozar ya la desajustada rueda.

Nos apostamos allí, cenamos sopa de gachas y salmón ahumado. No os confundais. Es parte de las raciones militares. Es como comer cucarachas, pero de mar. Asqueroso. ¿Como conservan esta cosa? Lo desconozco.

Las vistas son increibles.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:49 am

Dia 9 -

Hoy ejercitó toda la tropa, trabajo intenso. El capitán había ordenado tomar la iniciativa, y eso significaba tener que calentar desde la mañana para la guerrilla de la noche.
Almorzamos antes de lo previsto, carne de cervato, sorprendentemente sabrosa y ligera. El objetivo era que nadie lo devolviese aquella noche.

El dia fue una sucesión de cantinelas motivadoras, para que la moral de la tropa no decayese, y que afrontásemos lo mas positivamente aquella noche.

Yo, arropado en una esquina, bajo un toldo, descifraba las señales carvadas de los orcos en la madera del aserradero. Parecían indicar un día. El primer número era un 1, el segundo conjunto de señales era parecida al primero, pero doblando la longitud de las marcas. Por tanto, entendí que se trataba de un 2. Entendiéndolo así, tendríamos una fecha. Casualmente, se trataba de aquel día. Un lunes, inclusive.

Era difícil transcribir las señales, pues no era simbología común, de hecho, no era simbología genérica. Y tampoco un idioma, pues el orco se escribe de distinta manera. Eran, a pesar de orcos, inteligentes. Habían levantado un entramado de comunicación escrita mediante la cual solo pudieran entenderse ellos. Tuve que pensar como un orco y acordarme de un desagradable episodio de mi viaje a través de Los Baldíos hace años para interpretar uno de aquellos signos como una corneta de guerra. Contando con la información que Van Hoogen y Rémol trajeron hace dos días, podríamos prácticamente asegurar que hoy estallaría un conflicto. Armado. Y trascendente.

Todo cobraba sentido a medida que descifraba los símbolos. Fechas de emboscadas, número de bajas, solicitudes de armas, retiradas... todo. Pero eso ya era pasado. Cuando terminé aquella solitaria labor, era tarde para informar. Todos habían partido, a tomar la iniciativa. Me deshice de mi muleta, calenté sobre seguro, y me calcé la bota. Podía andar, con lentitud y cojera, pero podía andar.

Me uní a mis hermanos, ya posicionados sobre el campo de batalla. Tras una colina, El Comisario me tachó de oportuno. Ordenó que desempolvara mi rifle y distrajera al goblin encargado de manipular con una trituradora, metros alante. Eran dos o tres trituradores, no me fije, tripuladas por goblin. Cortaban madera. Lo de los peones quedó obsoleto. En mi mente, símbolos, madera, deducciones. El armamento de última generación, la repoblación de la mina, las trituradoras... el comisario me atacó con un grito. "¡Venga, ahora!". Entonces, me lancé a la distracción mientras mis compañeros operaban.

Decidí que era buena idea disparar y jugar a la guerra de guerrillas tras tres - tristres - tocones altos, gordos y duros - ejem - contra aquella trituradora. Mala idea. Mi tobillo se resintió y pudo tomarme la posición. Allí, frente a mi, su motor empezó a traquetear, su sierra giraba a gran velocidad, y solo pude empujarme contra el tocón que me parapetaba mientras perforaba mi pecho. El impacto inicial me dejó en shock tras latiguearme contra la madera. De no haber sido por mi coraza de placas, estaría escribiendo esto mi mitad derecha mientras la izquierda cerraba el ataud.

Baird estuvo ágil para salvarme el pellejo. Estaba en sus planes, los cuales yo desconocía, dinamitar una estructura cercana. La explosión desorientó al manipulador de la maquinaria y dió tiempo tanto a el como a Anry de auxiliarme. Mi tabardo se había hecho harapos, mi carne sangraba tras la abertura de mi coraza de placas. Me habían perforado. Dos segundos mas y habría muerto. Escapando, caí inconsciente tras explotar una maquinaria mecánica e impactarme un piñón dentado en la frente. Estaba empapado en aceite, con la coraza teñida de rojo, sin tabardo, con el pie derecho envuelto en mi propio vendaje y con un chichón descomunal. En el molino. Me contaron que todo acabó. Que volaron el aserradero. Que hubo éxito. Los orcos no nos comerían por sorpresa aquel amanecer.

Amanecer, que por cierto, es precioso. Os lo recomiendo. Vuelvo a añorar tiempos pasados. Pero se que el futuro resplandece con mas intensidad. Mañana viviré. Y lo disfrutaré.

Buena noche.
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Re: Diario de Campaña de Ziegler Stendel: Los Primeros de Thuran en Kalimdor

Mensaje por Ziegler Stendel el Mar Feb 09, 2016 2:50 am

Dia 10 -

Ha estallado la guerra. A primeras horas de la mañana, una corneta sonó. Apreciamos en la zona central de la Cuenca Lobo Negro una espectacular contienda, donde se enfrentaban trituradoras goblin a árboles encantados, elfos contra orcos. Todo sobre las ruinas de lo que ayer era un aserradero.

Desde aquí se apreciaba el rasgo rojizo del rio. El capitán recalcó que no éramos ni una treintena y estábamos heridos y cansados. No participaríamos aquel día en lo que pareció acabar con una retirada élfica, teórica victoria Horda. Todo pareció calmarse entrada la tarde.

Yo ya estaba recuperado de mi lesión. Pude ejercitarme. Volvieron a haber patrullas, esta vez menos, y solo de reconocimiento. No percibieron ninguna amenaza cercana al molino, ni a la anterior trinchera. La frontera con Vallefresno estaba segura. Una paz tensa azotaba la región.

Tras recabar informes de dias pasados y corregir faltas de ortografía de días anteriores, hice sumario en lo hasta ahora escrito. Ya van 10 dias, que se dice pronto. Un tercio de mes, una treinta-y-seis-ava parte de un año. Mas o menos. Mi pelo, que al comenzar estaba perfectamente recortado en una leve e incipiente barba que cruzaba desde las patillas hasta el mostacho, dejando afeitado el mentón, había poblado mi rostro. Ahora era mas espesa. Mi cabello, rapado al estilo "militar" al iniciar la travesía, iba tomando una forma mas anárquica, el flequillo crecía hacia sendos lados, la longitud aumentaba.

La tropa había profundizado entre ella. Me gustaría hacer una anotación. Cuando me refiero a "la tropa" como una tercera persona, lo hago de todos. Quiero decir, yo también me he integrado con mis nuevos camaradas. He estrechado vínculos, sobre todo, con Haldon Steiner, Anry Honra, Wally Kennen, Alexei Kozlov, Hadgrim Martillo, Fanny Aruj y, de cierta manera, con Silene Doyle. Es un vínculo mas "rebelde" que con los demas. Pero de sobra se que es de intenciones honorables. Con el resto de la expedición tambien me llevo y hablo, pero especialmente con los anteriormente citados.

A todos se les ve motivados y deseosos de llegar a nuestro destino final. Eso es positivo. Hay honestidad, dentro de lo que se puede llegar a esperar de un grupo de humanos de entre 20 y 40 años, y hay pureza de intenciones, al menos por ahora. Hemos hablado que, cuando volvamos a Ventormenta, me veré en el compromiso social de invitar a hidromiel. Diablos, me tocará suicidarme en la embarcación de vuelta a Reinos del Este.

Hoy también sucedió algo anormal. Llegó el hombre que hacía tiempo no veíamos en la expedición, última vez visto en las afueras de Menethil. Paul Kirchen. Parecía algo mas aseado que la última vez. Entró, habló con el capitán, y volvió a salir. Lo he observado. Resulta un hombre muy discreto en su trato con el vulgo, pero no de forma directa. Es decir, os describo a alguien discreto y por adelanto percibís a esa persona como alguien silencioso, frio y calculador. Para nada. Resulta discreto de forma indirecta. Uno de los nuestros le lanzó un saludo un tanto grotesco, y en vez de ignorarlo, de picarse, o de devolver el saludo con el mismo grado de respeto, respondió algo bastante jovial y amistoso. Como si fuesen camaradas de toda la vida. En consecuencia, chocaron la mano por iniciativa de Kirchen.

Es algo inaudito, contando con que sea mercenario, que es a lo que sus pintas señalan. Un mercenario por definición no pierde el tiempo en ese tipo de cortesías o florituras sociales, se ciñe a lo que manda el don, que para algo pone el dinero. Esto, sobreespeculando ya, que sea el capitán Tarran quien le tenga bajo contrato. Desconozco de que hablaron. Con la misma, abandonó el lugar despues de tomar algo con la tropa. Es como si estuviera semi-integrado en la dinámica de la compañía, sin formar parte de ella. No entiendo.

Cabe resaltar del dia de hoy, que hubo un susto con los explosivos. Alguien fumaba cerca del silo de bombas, y un compañero protestó airadamente esa decisión.

Escamoso.

Seguiré informando. *hay una H tachada delante de "informando"*
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